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  • Mario PrudHomme

Desde mi Corazón


paisaje con atardecer

(Les recomiendo que lo lean completo)

Nunca pensé escribir libros sobre espiritualidad; pero una Luz alumbró mi camino cuando éste estaba lleno de oscuridad, mucho dolor físico y moral.

Todos los sueños que tenía en mi vida se derrumbaron en un instante, a pesar de que el mundo me hablaba de éxito. Ahora reconozco que la vanidad y la soberbia dirigían mis actos, hasta que ellas me llevaron a un abismo, tan profundo que no veía esperanza alguna, todo era gris, sin color, y el vacío interno era desolador. No puedo entender cómo es posible que haya soportado tal grado de sufrimiento; de hecho intenté suicidarme. Todos los días le reclamaba a Dios el haberme abandonado; estaba furioso con Él; lo había convertido en mi enemigo. Sin embargo, no dejaba de llamarlo e implorarle que me ayudara, que me curara. Esos años fueron terribles.

Mi fe había acabado por completo; no quedaba nada de ella. Mi única esperanza para salir del dolor era morir; no veía otra salida. Todo lo había perdido: dinero, esposa y salud. Cuando sucede esto, recurres a lo que sea: ciencia, magia y cualquier cosa que te recomienden. Pero todo ello me falló, hasta que me di cuenta de que sólo un milagro podía sanarme; algo que no procediera del hombre ni de su conocimiento. Es así que después de siete años de estar en un infierno, me llegó la respuesta que buscaba: "Un curso de milagros".

Este libro me confrontó hasta las lágrimas y entendí lo que había faltado en mi vida: el perdón. Tuve que aceptar que mis resentimientos y mi falta de amor eran la causa de todo mi sufrimiento, y que sólo perdonando a los que yo pensaba que eran los responsables de mi situación, era la única forma en que saldría de mi soledad y enfermedades.

No fue fácil aceptar lo que Dios me decía a través del "Curso", y reconocer que había estado equivocado durante toda mi existencia. Todas mis creencias se vinieron abajo y el Poder de Dios las hizo ceniza; y con esto comencé un nuevo camino.

Los primeros meses de leer el texto del "Curso" y practicar las lecciones contenidas en él fueron muy difíciles; pero una pequeña luz de esperanza se encendió en mi corazón. Poco a poco, paso a paso, iban cambiando las cosas para bien. Y no pasó mucho mucho tiempo para que atisbos de la Luz de Dios y Su Amor se manifestaran en mi interior, cuando menos lo esperaba; y esos regalos me decían que estaba en el camino correcto y que mi búsqueda había terminado. Acepté totalmente que el perdón real era la solución de mis problemas y, desde entonces, nunca me he apartado de la oración con ese objetivo.

La dulzura de Jesús me ha acompañado durante este sendero de Luz; me ha consolado, me ha guiado, me ha corregido, me ha dado esperanza, y cuando me he perdido, me hace volver a su consejo siempre amoroso. Su ternura es miel pura; pero también es firme: no permite que me desvíe. A veces es doloroso escucharle cuando me dice que no tengo la razón en determinadas situaciones, y que debo echar marcha atrás con respecto a mis juicios o acciones egoístas y faltas de amor; mas en todo momento hay un inmenso amor en su voz; es tanto que no lo puedo comprender. Jesús acaricia mi alma y le da fortaleza para que yo pueda seguir adelante, para que no me detenga y nunca pierda el objetivo final que él desea para mí: volver a mi Padre, abrazarme con Él y desaparecer en Su Luz.

La Navidad está cerca, un festejo que antes yo no sabía su verdadero significado; hasta ahora lo comprendo. La Navidad es el nacimiento del Amor de Dios en este mundo; es el nacimiento de la esperanza. Con el nacimiento de Jesús las flores brillaron más y las estrellas se volvieron humildes ante su presencia. Nadie ha entendido todavía la magnitud de su amor, de su mensaje de perdón. Nadie ha visto aún, en esta Tierra, su inmaculada Luz en todo su esplendor. Ante él, todo conocimiento del mundo es ignorancia; sin embargo, él nos pide muy poco, pues sabe que no podemos dar más. Nos pide únicamente que estemos dispuestos a amar y a perdonar de acuerdo con la Voluntad de Dios; y en el instante en que aceptemos su mensaje, sin distorsionarlo, Jesús llenará de milagros nuestra vida y nos llevará a la paz.

Esta época navideña debería tener el fin de hacer una reflexión muy profunda sobre nuestras vidas y festejar lo que en realidad debe ser festejado.

Mi amor para todos ustedes.

Mario Prud´Homme.


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