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  • Mario PrudHomme

La historia de un hombre loco y la estrella más lejana


paisaje con atardecer

Una noche de invierno, salí a caminar por el bosque. El cielo estaba bañado de estrellas, que brillaban como nunca lo había visto. Era hermosa esa imagen. Me quedé por un largo tiempo mirándolas, y se me ocurrió preguntarle a la más lejana: "Hola, estrella más lejana, buenas noches. ¿Me podrías decir qué hay más allá de ti?" Me contesto: "Lo mismo que hay en lo más profundo de tu mente, más allá de todos tus pensamientos". Yo insistí: "Por favor, dime qué hay más allá de ti, porque no entiendo tu respuesta". Ella dijo: "No es que no quiera contestarte; es que no puedo, porque es indescriptible".

Me puse triste y bajé la cabeza. La estrella se dio cuenta de ello. "Mírame, me dijo". Volteé a verla otra vez, y su luz me cegó. Ahora era infinitamente más luminosa. Ante su luz ya no podía ver ninguna estrella más. Entonces me habló con un profundo amor: "Si quieres saber qué hay más allá de mí, lo tienes que descubrir por ti mismo, en tu interior, en tu corazón, en lo más hondo de tu alma, donde yo también estoy. No puedes viajar hasta mí, y así contemplar lo que me has preguntado, porque no existe una nave espacial que lo pueda hacer. Pero sí puedes buscarme en tu interior y encontrarte conmigo, y entonces te muestre la inmensa belleza de lo que se halla más allá de mí".

Me emocionó la ternura con la que ella me dijo esas palabras; lloré... lloré... lloré... hasta que empezó a amanecer. Perdí la noción del tiempo. La estrella más lejana se había ido, pero había dejado en mi mente una chispa de su grandiosa luz, una chispa que yo intuía que me llevaría a esa hermosa estrella, y se me cumpliría, por fin, mi deseo de saber que hay más allá de todas las estrellas... más allá de la estrella más lejana, la más luminosa y dulce de todas ellas.



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