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  • Mario PrudHomme

La Paz de Jesús


paisaje con atardecer

Cuando Jesús te da el regalo de un atisbo de su paz, no sólo la sientes en tu corazón; la puedes respirar y contemplar en todo lo que ves.

La paz de Jesús la puedes escuchar en tu interior, como un sonido muy silencioso que apacigua tu alma.

La paz de Jesús es diferente a la tranquilidad; la supera en profundidad.

Su paz es... en realidad es difícil describirla. Te llena y luego se desborda, y corre como un río que no tiene principio ni final.

La paz de él te hace recordar algo que en un momento dado olvidaste: una eterna infancia en los Brazos de Dios, protegido y amado por siempre.

Cuando sientes la paz de Jesús, empiezas a valorar lo realmente importante: esa paz donde no hay miedo, donde hay un dulce amor, donde hay bondad y misericordia infinita, donde no hay deseos... sólo conservar esa paz.

Cuando sientes Su paz, lloras por dentro de alegría, y esas lágrimas limpian tu alma y la embellecen; y entonces tu espíritu salta de gozo.

Jesús, que la paz sea mi único deseo y en ella recuerde el Amor de mi Padre.


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